Busca con Google! |
| La Vaca |
|
|
|
| Enviado por Administrador del Sitio | |
| viernes, 03 de octubre de 2008 | |
|
Hace algún tiempo una amiga me envió esta historia por correo, me ayudó a superar la situación dificil en que estaba y salir adelante. Hoy quise compartir esto con ustedes porque como yo, hay muchos que se pueden llegar a sentir así y pensar que no hay solución a los problemas... Para impartir su lección al joven aprendiz, aquella tarde el maestro había decidido visitar con él algunos de los parajes más pobres dela provincia. Después de caminar un largo rato encontraron el que debía ser el vecindario más triste y desolador de aquella comarca y se dispusieron a buscar la más humilde de todas las viviendas.
Aquella casucha a medio derrumbarse, que se encontraba en la parte más distante de aquel caserío, debía ser -sin duda alguna- la más pobre de todas. Sus paredes milagrosamente se sostenían en pie, aunque amenazaban con derribarse en cualquier momento; el improvisado techo dejaba filtrar el agua, y la basura y los desperdicios que se acumulaban a su alrededor daban un aspecto decrépito a la vivienda. Sin embargo, lo más sorprendente de todo era que en aquella casucha de 10 metros cuadrados pudiesen vivir ocho personas. El padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos, se las arreglaban para acomodarse en aquel lugar. Sus viejas vestiduras y sus cuerpos sucios y malolientes eran prueba del estado de profunda miseria que reinaba allí. Sus miradas tristes y sus cabezas bajas dejaban ver que la inopia no sólo se había apoderado de sus cuerpos sino que había encontrado albergue en su interior. Curiosamente, en medio de este estado de penuria y pobreza total, esta familia contaba con una posesión poco común en tales circunstancias: una vaca. Una flacuchenta vaca que con la escasa leche que producía, proveía a aquella familia con el poco alimento de algún valor nutricional. Esta vaca era la única posesión material con que contaban, y parecía ser lo único que los separaba de la miseria total. Y allí, en medio de la basura y el desorden, pasaron la noche el maestro y su novato discípulo. Al día siguiente, muy temprano y asegurándose de no despertar a nadie, los dos viajeros se dispusieron a continuar su camino. Salieron de la morada y antes de emprender la marcha, el anciano maestro le dijo en voz baja a su discípulo: “Es hora de que aprendas la lección que has venido a aprender”.
Después de todo, lo único que habían logrado durante su corta estadía era poder ver los resultados de una vida de conformismo y mediocridad, pero aún no estaba claro para el joven discípulo cuál había sido la causa que había originado tal estado de desidia. Ésta era la verdadera lección, el maestro lo sabía y el momento de aprenderla había llegado. Ante la incrédula mirada del joven, y sin que éste pudiese hacer nada para evitarlo, súbitamente el anciano sacó una daga que llevaba en su bolsa y de un solo tajo degolló a la pobre vaca, la cual se encontraba atada a la puerta de la vivienda. ¿Qué has hecho maestro? -dijo el joven con voz angustiada- buscando no despertar a nadie.¿Qué lección es ésta que amerita dejar a esta familia en la ruina total? ¿Cómo has podido matar esta pobre vaca, que representaba la única posesión con que contaba esta familia? Inmutado por el estado de angustia de su joven discípulo y haciendo caso omiso a sus interrogantes, el anciano se dispuso a continuar la marcha. Así pues, dejando atrás la macabra escena, maestro y discípulo partieron, con aparente indiferencia del primero por la suerte que podía correr esta pobre familia ante la pérdida de su única posesión. Durante los días siguientes, una y otra vez, el joven era asaltado por la nefasta idea de que, sin aquella vaca, la familia seguramente moriría de hambre. ¿Qué otra suerte podían correr después de haber perdido su única fuente de sustento? La historia cuenta que un año más tarde, los dos hombres decidieron regresar nuevamente por aquel lugar para ver qué suerte había corrido aquella familia. En vano buscaron la humilde posada. El lugar parecía ser el correcto, pero donde un año atrás se encontrara la humilde vivienda, ahora se levantaba una casa grande, que daba la apariencia de haber sido construida recientemente. Se detuvieron por un momento para observarla desde la distancia y asegurarse que estaban en el mismo lugar. Lo primero que pasó por la mente del joven fue el nefasto presentimiento de que seguramente la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado fuerte para aquella pobre familia. Muy posiblemente se habían visto obligados a abandonar aquel lugar y ahora, una nueva familia, con mayores posesiones, se había adueñado de él y había construido una mejor vivienda. ¿Adónde habrían ido a parar aquel hombre y su familia? ¿Qué habría sucedido con ellos? ¿Cómo se alimentaban los niños, ahora que no contaban con la leche de aquella vaca? Quizás la pena moral había sido suficiente para doblegarlos. Todo esto pasaba por la mente del joven discípulo mientras que, vacilante, se debatía entre acercarse a la nueva vivienda a indagar por la suerte de los antiguos moradores o continuar el viaje y evitar confirmar sus peores sospechas. Cuál sería su sorpresa cuando del interior de aquella casa salió el mismo hombre que un año atrás les diera posada en su vivienda. Pero esta vez, su aspecto era totalmente distinto, el brillo en sus ojos, su cuerpo aseado y su amplia sonrisa daban muestra de que algo significativo había sucedido. El joven no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. ¿Cómo es posible? ¿Qué sucedió aquí? Preguntó notablemente sorprendido. “Hace un año en nuestro breve paso por este lugar, fuimos testigos de la inmensa pobreza en que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió durante este lapso para que todo esto cambiara?” Ignorante del hecho de que el discípulo y su maestro habían sido los causantes de la muerte de su vaca, el hombre relató como, coincidencialmente, el mismo día de su partida, algún maleante, envidioso de su vaca, había degollado salvajemente al pobre animal. El hombre continuó relatándole a los dos viajeros cómo su primera reacción ante la muerte de la vaca había sido de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la poca leche que producía la vaca había sido su única fuente de sustento. Más aún, el poseer esta vaca les había ganado el respeto de sus menos afortunados vecinos, quienes seguramente envidiaban no contar con tan preciado bien. Sin embargo, continuó el hombre, poco después de aquel trágico día, nos dimos cuenta que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente, nuestra propia supervivencia estaría en peligro. Necesitábamos comer, debíamos buscar otras fuentes de alimento para nuestros hijos, así que limpiamos el patio de la parte de atrás de la casucha, conseguimos algunas semillas y decidimossembrar vegetales y legumbres con los que pudiésemos alimentarnos. Después de algún tiempo notamos que la improvisada granja producía mucho más de lo que necesitábamos para nuestro propio sustento, así que comenzamos a venderle a nuestros vecinos algunos de los vegetales que sobraban y con este dinero compramos lás semillas. Poco después vimos que nos sobraba suficiente de lo que cosechábamos como para venderlo en el mercado del pueblo. Así lo hicimos y por primera vez en nuestra vida pudimos tener dinero suficiente para comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra casa. De esta manera, poco a poco, este año nos ha traído una vida nueva. Es como si la trágica muerte de nuestra vaca, hubiese abierto las puertas a una nueva esperanza. El joven, quien escuchaba atónito la increíble historia, entendió finalmente la lección que su sabio maestro buscaba enseñarle. Era obvio que la muerte de aquel animal había sido el principio de una vida de nuevas y mayores oportunidades. El maestro, quien había permanecido en silencio, prestando atención al fascinante relato del hombre, llamó al joven a un lado y le preguntó en voz baja:
“Qué gran lección”, se dijo a sí mismo el joven discípulo. Inmediatamente pensó en sus propias vacas, en aquellas limitaciones que él mismo se había encargado de adquirir a lo largo de toda su vida. Prometió liberarse de todas las vacas que lo habían mantenido atado a una vida de mediocridad y le habían privado de utilizar su verdadero potencial. Indudablemente, aquel día, marcaría el comienzo de una nueva vida, ¡una vida libre de vacas!
Social Bookmarking!
Set as favorite
Bookmark
Email This
Hits: 364 Comentarios (3)
![]()
Admin: iSaMartin... http://echateunclick.com
Es complicado vivir sin vacas, y muchas veces es casi imposible renunciar a vivir sin ellas. Sin embargo como dice Josekont, las cosas no pasan por casualidad y todo lo que en tu larga o corta vida has aprendido y experimentado, nos lleva a ser lo que somos y estar donde estamos. Nunca te desanimes ni desmayes y a lo mejor no soy un gran maestro con experiencia... pero la poca que tengo, la puedo compartir cuando gustes:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
1 report abuse
vote down
vote up
octubre 15, 2008
Votes: +2
iSa Martin: Yo soy yo y mis circunstancias, digo... mis Vacas! http://No tengo
A lo largo de mi aún corta vida, he tenido que deshacerme (ya que el término matar no me gusta) de muchas Vacas. Esas Vacas eran mías, según algunos. Puede ser, o puede ser que fueran fruto de la sociedad. El caso es que me deshice de todas. O al menos eso creía yo.
El caso es que cuando te deshaces de tus propias Vacas, (y me ha costado mucho tiempo, esfuerzo y perseverancia), resulta que te das cuenta de que las circunstancias, es decir, otras Vacas, te han llevado hacia un lugar donde hay más Vacas todavía. Ahora mismo, quisiera deshacerme de todas ellas para poder realizar mis sueños, las cosas que siempre quise hacer. Pero no tengo "Padrinos", que me ayuden y me enseñen el proceso para llegar a realizarlos. El caso es que cuando estás en un trabajo que odias, pero lo que recibes a cambio, es decir, el salario (minimísimo) te ayuda a pagar tus responsabilidades, hay Vacas cercanas que te dicen que debes quedarte ahí, aguantar más y preparar algo para moverte a otro lado y subir de escalafón. Pero... yo no creo en eso. Como tampoco creo en las casualidades, y daría cualquier cosa por poder acabar con todas mis Vacas actuales y dirigirme hacia donde quiero ir. Donde quiero ir, me parece lejano, me parece un sueño. Y de quien quisiera aprender o ser apadrinada (léase aprender de grandes maestros con experiencia), o están muertos o bien parecen inalcanzables. Pero no puedo más con estas Vacas. Lo que quiero es hacer mi sueño realidad, demostrar si valgo o no valgo (porque soy consciente de mis limitaciones y de lo verde que estoy). Pero de ese fruto, con tiempo: Creo que podría deshacerme de muchas Vacas y a las más cercanas, darles con un canto en los dientes. ¿las vacas tienen dientes, no?, jijiji! Es un sin vivir esto de las Vacas, eh? Uff! Gracias a quién sea que se tome el tiempo de leer esto. iSa Martin 2 report abuse
vote down
vote up
octubre 11, 2008
Votes: +2
Josekont: Que extraordinaria historia! http://obux.wordpress.com
Jamas había escuchado esta historia que realmente me hace reflexionar. Gracias por la información, precisamente hoy me entere de algo que me dejo muy triste, que era casi como por así decirlo la perdida de "una vaca", algo que me sustentaba ciertas esperanzas, sin embargo no creo que las casualidades existan por lo cual considero que este mensaje ha venido directamente a mi y lo que debo de hacer es tomar la enseñanza. Gracias por la historia!
Saludos! 3 report abuse
vote down
vote up
octubre 03, 2008
Votes: +4 Escribir comentario
|
| < Anterior | Siguiente > |
|---|






